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Las comunidades afrodescendientes en el actual territorio argentino (desde la Colonia hasta los inicios del siglo XX) (II)

Las comunidades afrodescendientes en el actual territorio argentino (desde la Colonia hasta los inicios del siglo XX) (II)

Escrito por Matías Nicolás Druetta, profesor en investigador en Historia (Universidad Nacional de Córdoba)

¿Qué sucedió con la población “negra” a partir de la consolidación del Estado Argentino?

Con la llegada masiva de migrantes europeos a finales del siglo XIX y comienzos del XX, la población se volvió más heterogénea que nunca, pero la presión blanqueadora del Estado se hizo sentir además sobre los sectores racializados. A partir de entonces dejaron de existir estadísticas que distinguieran a las personas por su color de piel. Sin embargo, si se tiene en cuenta el lugar de nacimiento, las cifras indican que: “de cada 100 habitantes de origen popular en 1895, 31 de los que eran inmigrantes habían ascendido a los sectores medios, mientras que sólo 10 de los nativos de la Argentina habían tenido la misma suerte” (Adamovsky, 2012: 16).

Esto nos habla de una preferencia por parte de la burguesía de contratar personas con piel blanca. Por tanto, la desigualdad a partir del color de piel se hizo presente en todos los aspectos de la vida social, superponiéndose con las desigualdades económicas, lo cual fue un rasgo que se reprodujo a través de las generaciones e incluso llega hasta el presente (Adamovsky, 2012).



Fotografía que muestra a una trabajadora afrodescendiente como ama de leche. El original fue publicado por la revista Caras y Caretas en 1908 y ha sido recuperado y publicado por Florencia Guzmán (2024, pág. 18). Cabe destacar que las mujeres afrodescendientes esclavizadas o libres realizaban, en ocasiones, también éste y otros trabajos para comprar su libertad o la de sus familiares.

A lo largo del siglo XIX, y por varias razones, se había producido un considerable decrecimiento numérico –pero no la desaparición– de la población negra en el actual territorio argentino. Aunque muchos afroargentinos murieron como consecuencia de las guerras y las epidemias, “en la década de 1880 la comunidad afroporteña todavía sumaba unas siete mil personas y mantenía una intensa vida cultural y social” (Adamovsky, 2012: 17). En consecuencia, contra la creencia difundida sobre su desaparición al tiempo que se consolidaba el Estado Nacional: “los afrodescendientes (…) fueron personajes de la política local, músicos, compositores, escritores y periodistas; participaron en la gestación de lo que hoy entendemos como cultura popular, en el tango, la murga y el folclore. Pero no se libraron del estigma de ser descendientes de africanos esclavizados ni de serles asignada una posición subalterna en la sociedad (Annecchiarico, 2014: 27).

Las investigaciones pioneras de Reid Andrews (1989) sobre los afroporteños recuperan algunas de las principales explicaciones acerca de las causas que provocaron tal disminución y cómo se desarrolló la operación de invisibilización o borramiento de la memoria nacional. En primer lugar, la participación de los negros en las sucesivas guerras por la independencia, a lo cual se agrega como segundo factor el impacto que generó la epidemia de fiebre amarilla de 1871 en Buenos Aires, afectando en mayor medida a los sectores populares donde habitaba la población afrodescendiente, debido a las malas condiciones de higiene y la carencia de servicios básicos en los espacios que habitaban. Por último, señala el proceso de mestizaje y la gran oleada de inmigrantes europeos como causas que coadyuvaron a la reducción de población negra.

No obstante, la población afrodescendiente no sufrió una desaparición total. Lo que llevó a construir la creencia común de que “en Argentina no hay negros” fue la estrategia de invisibilización de esa población llevada a cabo por las élites blancas y orquestada desde el Estado. Uno de los mecanismos empleados fue el cambio de categoría de identificación de “negro” a “trigueño” en los registros oficiales. Pero esta estrategia también “fue utilizada por muchos afroargentinos para huir de sus marcas de africanía y lograr asimilarse a los códigos europeos de la sociedad blanca” (Ocoró Loango, 2010: 62).

El borramiento de los afrodescendientes de los Censos de población

Otra de las estrategias utilizadas por el Estado para borrar a los negros y a la negritud de la historia argentina fue su exclusión de los censos de población. Desde 1887 hasta el 2010, la variable denominada racial fue eliminada de los mismos, lo cual hacía posible sostener la ficción de inexistencia de población afroargentina y, por extensión, la “inexistencia de racismo”.

Censo de la Ciudad de Buenos Aires realizado en 1887, último que clasifica a la población por el color de piel

Fuente: Francisco Latniza, et alii, Censo General de Población, Edificación, Comercio e Industrias de la Ciudad de Buenos Aires. Levantado en los días 17 de agosto, 15 y 30 de septiembre de 1887 (2 vols.; Buenos Aires: Compañía Sud-Americana de Billetes de Banco, 1889), Vol. II, Disponible en línea: http://www.bibliotecadigital.gob.ar/items/show/1229

De esta manera, el Estado argentino desarrolló una serie de mecanismos raciales que –mediante operaciones ideológicas y la exclusión violenta y la invisibilización de los negros e indígenas– le permitieron alimentar la invención de una comunidad nacional blanca y europea. La negación de la africanidad se intensificó, entonces, a partir de los procesos de conformación y consolidación del Estado nacional, el ingreso masivo de inmigrantes de ultramar y el genocidio de los pueblos indígenas por parte de las élites gobernantes. Ello fue acompañado por concepciones positivistas y etnocéntricas acerca de una cultura nacional basada en la idea de “crisol de razas”, según las cuales la Argentina era fundamentalmente blanca y europea.

La noción de ‘crisol de razas’ en Argentina buscó evocar la idea de fusión de la heterogeneidad social que componía el país a finales del siglo XIX y comienzos del XX. Se construyó con la finalidad de borrar cualquier diferencia entre quienes habitaban la Argentina y fortalecer la ilusión de una esencia de ‘ser nacional’. Aquellos grupos sociales que no eran ‘asimilables’ según los parámetros racistas de la época, eran segregados (como la comunidad judía o árabe), expulsados (como los inmigrantes anarquistas o socialistas), aniquilados (como los pueblos indígenas) o borrados de la historia nacional (como los afros). En síntesis, la idea de crisol de razas contribuye a establecer una jerarquía entre “razas”, donde los superiores dominan a los inferiores (INADI, 2016).

Sumado a ello, como ha señalado Adamovsky (2012), hacia la segunda mitad del siglo XIX los afrodescendientes se vieron ante una encrucijada, producto de la presión blanqueadora ejercida por el Estado. Por un lado, había ciertos sectores que postulaban la conservación de sus asociaciones comunitarias y políticas, sosteniendo el derecho a existir como grupo particular, a mantener visible la marca étnica. Por el otro, encontramos la posición de la élite afroporteña de disolverse como comunidad e integrarse como individuos a la vida nacional, olvidando la marca étnica como condición para acceder a la igualdad en derechos. Finalmente, ganó la estrategia de incorporarse a la nación a condición de que sus identidades fueran invisibilizadas. Como consecuencia, desde mediados de la década de 1880, una comunidad que tenía una elevada visibilidad en el espacio público, se volvió “invisible”, disolviéndose sus agrupaciones. Tendrán que pasar cien años para que la comunidad afroporteña volviera a tener visibilidad, a fundar asociaciones y mostrarse en la escena pública.

¿Es Argentina «blanca»?

Cada nación se imagina a sí misma a partir de un ‘ser nacional’ hegemónico y ‘otros’ internos que se producen a partir de prácticas de racialización y etnicización (Briones, 2002). El caso argentino resulta particularmente extremo en lo que se refiere a la negación y la invisibilización de lo negro y lo indígena dentro del ‘ser nacional’, pues el Estado se encargó de borrar la diversidad del panorama nacional, convirtiendo al europeo blanco en el  antepasado por antonomasia.

En esta fotografía puede reconocerse a un grupo de niños afroargentinos de la Provincia de Buenos Aires. En ella aparecen, además, los tambores como un signo claro de la cultura afrorrioplatense. La fecha en que fue tomada data de comienzos del siglo XX, por lo cual nos ayuda a desmentir la ficción sobre su desaparición y desarmar el mito de la patria blanca y europea. La fotografía fue publicada por la revista Viva, del diario Clarín, el 8 de mayo de 2011 (original AGN), y recuperada en el artículo de N. Fernández Bravo (2016).

Las clases dominantes en Argentina, utilizando las instituciones estatales, fomentaron una ingeniería social de blanqueamiento del espacio y de limitación de la movilidad de los no-blancos. Intentaron reemplazar completamente a las poblaciones indígenas, afrodescendientes y mestizas por gente proveniente de Europa. Si bien en la práctica este hecho es constantemente negado por la realidad de que la mayoría de los argentinos no es de tez blanca, fue suficiente para crear el mito de la ‘Argentina blanca’: “que la migración europea fue tan masiva y el exterminio de indígenas tan extremo que eventualmente el país se volvió racialmente homogéneo” (Gordillo, 2020: 11).

Las personas cuyos ancestros o aspectos físicos no se correspondían con ese ideal fueron empujadas a la invisibilidad, a los márgenes de la sociedad. Sin embargo, eventualmente ha existido la posibilidad de iniciar un camino de des-marcación y re-adscripción, o lo que Briones (2002) denomina como blanqueamiento, siempre que se adoptaran los valores y conductas hegemónicas representadas en el ‘ser nacional’. Tal fue la específica formación nacional de alteridad que comenzó a conformarse con el proceso de modernización estatal en el caso argentino (Segato, 2007): “la creencia en una Argentina blanca y europea conforma el verdadero mito de origen de nuestra nacionalidad (…) y opera por lo tanto en la actualidad, tanto en las grandes instituciones como en las pequeñas elecciones de la vida cotidiana” (Martín, 2006: 206).

La invisibilización generó el borramiento de los afrodescendientes de las narrativas hegemónicas sobre la historia argentina. A partir de la consolidación del Estado argentino –alrededor de la década de 1880–, la construcción de un Nosotros nacional y de un Otro racializado se realizó desde la segregación, la opresión, la violencia y la expropiación de determinadas comunidades consideradas socialmente como ‘no blancas’. Los imaginarios sociales hegemónicos acerca de la identidad argentina excluyeron otras posibilidades de ser argentinos: “indios y negros quedaron históricamente excluidos de la narrativa dominante, ya que representaron la ‘barbarie’ según el proyecto civilizador desde finales del siglo XIX” (Annecchiarico, 2012: 11).

La discriminación contemporánea puede ser vista como un fenómeno producido por este racismo estructural e institucional que postuló la idea de una Argentina blanca y europea, que relegó –y continúa relegando– a la mayoría de estas personas no-blancas a los márgenes sociales y las ha convertido en víctimas de la violencia institucional. A su vez, el lugar que ocupan los africanos y sus descendientes en la memoria colectiva, en el mejor de los casos se limita a un dato colorido del pasado, expulsados así de la historia argentina hegemónica. 

Bibliografía

Adamovsky, E. (2012). Historia de las clases populares en la Argentina: Desde 1880 hasta 2003. Sudamericana.

Andrews, G. R. (1989). Los afroargentinos de Buenos Aires. Ediciones de la Flor.

Annecchiarico, M. (2012, noviembre). Los afrodescendientes entre la invisibilización y la autoafirmación: Narrativas y representaciones en disputa [Ponencia no publicada]. XXIII Jornadas Lascasianas Internacionales «Los retos de los pueblos originarios y afrodescendientes frente a la autonomía: interculturalidad e interlegalidad», Universidad Veracruzana, Xalapa, México.

Annecchiarico, M. (2014). Afrodescendientes en la Argentina: Enigmas, cegueras y mitos nacionales. Ciencia Hoy, 24(141), 24–30.

Briones, C. (2002). Mestizaje y blanqueamiento como coordenadas de aboriginalidad y nación en Argentina. Runa, 23(1), 61–88.

Fernández Bravo, N. (2016). Fotografía y nación: reflexiones antropológicas sobre las fotografías

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Gordillo, G. (2020). Se viene el malón: Las geografías afectivas del racismo argentino. Cuadernos de Antropología Social, (52), 11.

Guzmán, F. (2024). Amas de leche negras para criaturas de madres blancas. Trabajo, conflictos y

horizontes de libertad en Buenos Aires, 1802-1826. En D. D’Antonio y V. Pita (Coords.), Nueva

historia de las mujeres en la Argentina, Prometeo Libros, págs. 16-33.

Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo. (2016). Racismo y xenofobia: Hacia una Argentina intercultural (pp. 28–30). Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, Presidencia de la Nación.

Magendzo, A. (2006). El Ser del Otro: Un sustento ético-político para la educación. Polis. Revista Latinoamericana, 5(15), 1–18.

Martin, A. (2006). Presencias ausentes. El legado africano a la cultura nacional. Buenos Aires

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Ocoró Loango, A. (2010). Afroargentinidad y memoria histórica: La negritud en los actos escolares del 25 de mayo [Tesis de maestría no publicada]. Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales.

Segato, R. (2007). La nación y sus otros: Raza, etnicidad y diversidad religiosa en tiempos de políticas de la identidad. Prometeo.